24 de septiembre de 2010

¿Plomo sí o plomo no? A propósito de la causa de la muerte de Beethoven



No creo que las enfermedades y la muerte de muchos artistas se hayan estudiado tan extensa y profundamente como se ha hecho en el caso de Ludwig van Beethoven (1770-1827). Es indiscutible que la importancia histórica de este genio de la música lo merece. Pero también es cierto que el mismo Beethoven había expresado su deseo de que así fuera en un conmovedor escrito dirigido a sus hermanos, redactado en 1802,  cuando "...atormentado por el aumento de su sordera [...] sentía amenazada toda su vida por ella." Ese escrito -que nunca llegó a enviar, sino que guardó cuidadosamente y fue encontrado entre sus papeles tras su fallecimiento- se conoce como Testamento de Heiligenstadt y, entre otras cosas dice: "...tan pronto cuando esté muerto, si el Dr. Schmidt aun vive, pídanle en mi nombre que describa mi enfermedad y guarden este documento con la historia de mi enfermedad de modo que en la medida de lo posible, al menos el mundo se reconcilie conmigo después de mi muerte."


En un artículo publicado el año 2007, en ARS MÉDICA Revista de Estudios Médico Humanísticos, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Dr. Osvaldo Llanos López decía:


"La extraordinaria genialidad y productividad musical de Beethoven no fue disminuida por la influencia de sus múltiples dolencias, sino que por el contrario, en períodos críticos, esta se vio incluso exacerbada. A la sordera, su enfermedad más conocida, pero de causa todavía no precisada, se agregaron otras enfermedades, algunas demostradas en la autopsia, como la cirrosis hepática, la nefropatía, la pancreatitis crónica y otros síndromes sin etiología demostrada, como sus alteraciones gastrointestinales, bronquiales, articulares y oculares. Estas enfermedades, que mortificaron seriamente su vida, pero que no frenaron su creatividad, no pudieron ser controladas por los mejores médicos de la época, con los limitados tratamientos disponibles. Los estudios y especulaciones acerca de su historia médica son abundantes en la literatura y no logran establecer tampoco una patología sistémica que explique al menos la mayoría de sus síndromes. El conocimiento más preciso apunta a que su sordera era de causa mixta, que su cirrosis hepática fue provocada por exceso de alcohol y que la causa de su muerte fue una insuficiencia hepática."(1)


Sin embargo, desde finales del siglo pasado, había adquirido un extraordinario auge la hipótesis de que fue el envenenamiento por plomo o saturnismo lo que provocó la muerte de Beethoven.


Primero se analizó el pelo. Unos mechones de cabello que -por cierto- tienen su propia historia. La transcribo aquí (aunque no hubiera querido extenderme tanto) por los interesantes -en mi opinión- y poco conocidos datos que aporta un artículo publicado por el Dr. Darío Morón Díaz, el año 2008, en MEDICINA, la revista de la Academia Nacional de Medicina de Colombia.


"El día 27 de marzo de 1827 Ferdinand Hiller y Johann Nepomuk Hummel estuvieron presentes en la sala de velación. El cadáver de Beethoven yacía dentro de un ataúd de roble que sostenían en alto unas andas de latón. Su cabeza reposaba sobre un almohadón de seda y unas guirnaldas de rosas blancas coronaban su larga cabellera perfectamente peinada.
El rostro adquirió un tono violáceo y tenía dos lados de la cara extrañamente hundidos como resultado de la autopsia que le practicaron en la mañana, durante la misma le extrajeron los huesos temporales y los huesecillos del oído con el propósito de someterlos a futuros exámenes.
El joven Hiller le dijo a su maestro que quería cortar un mechón de la cabellera de Beethoven y en un momento determinado sacó de su ropaje una tijera y con decisión cortó de la cabeza un mechón. Posteriormente lo conservó envuelto en espiral entre dos láminas de vidrio de un guardapelo.
[...]
En diciembre de 1995 dos melómanos admiradores del compositor: Ira Brilliant y Alfredo Che Guevara, adquirieron el guardapelo que contenía los cabellos del compositor, en una subasta de la casa Sothesby's [sic] de Londres [por 7.300 dórares]. El mechón de finos cabellos castaños y grises estaba apresado entre dos placas de vidrio cerradas herméticamente en una caja oval de madera oscura cuya longitud sobrepasaba ligeramente los diez centímetros. Sobre el frágil papel estampado que cubría el fondo liso de la caja, un tal Paul Hiller había escrito mucho tiempo antes en alemán la siguiente nota: 'mi progenitor Ferdinand v. Hiller, le cortó este mechón de cabello a Luwig [sic] van Beethoven, el 27 de marzo de 1827 y me la entregó como regalo de cumpleaños en la ciudad de Colonia el día 1 de mayo de 1833'.
Brilliant y Guevara decidieron entregarlo a la Facultad de Medicina de la Universidad de Arizona en Tucson a fin de analizarlo científicamente. [...]
Tanto Guevara, médico cirujano especialista en urología, como Brilliant, promotor inmobiliario, se quedaron con el 27 por ciento de los cabellos y el resto lo donaron al Centro de Estudios Beethovianos Ira F. Brilliant con sede en la Universidad estatal de San José, California."(2)


A partir de ese momento comenzaron las investigaciones, en las que participaron un buen número de científicos (Baumgartner, Birkby, Walsh y McCrone), pertenecientes a distintos centros (Psychemedics Corporation, Argonne National Laboratory, McCrone Research Institute), y utilizando las técnicas más avanzadas, basadas en el radioinmunoensayo, pruebas de ADN y espectrometría. Los resultados fueron sorprendentes: "...el cabello de Beethoven contenía una cantidad media de plomo 42 veces superior a la media de las muestras de control."(3) Como señala Morón Díaz:


"...todo hacía pensar que Ludwig van Beethoven había muerto envenenado con una cantidad masiva de plomo, una intoxicación que probablemente se había iniciado muchos años atrás.
[...]
La comprobación de la intoxicación con plomo de Beethoven dejó sin fundamento todas las especulaciones sobre las diferentes enfermedades que distintos biógrafos le atribuyeron al organismo del compositor."(4)


En el año 2007, The Beethoven Journal, la revista del Centro de Estudios Beethovianos Ira F. Brilliant, de la Universidad de San José, abría su número de verano con un artículo del médico forense austriaco Christian Reiter titulado: "The Causes of Beethoven's Death and His Locks of Hair: A Forensic-Toxicological Investigation". Según Reiter, el plomo que contenían los medicamentos usados para tratar una pulmonía fue la causa de la muerte de Beethoven. Explicaba, el forense, que el cabello del compositor podía considerarse como "una especie de regla en el tiempo", que permitía una visión médica de los últimos cuatrocientos días de su vida. Así, entre otras cosas, pudo determinar que la intoxicación con plomo había comenzado 111 días antes de la fecha de su fallecimiento en Viena, el 26 de marzo de 1827. Fue cuando el médico que entonces le atendía, Andreas Wawruch, empezó a tratar la pulmonía de Beethoven con unas sales expectorantes que contenían plomo. Para empeorar las cosas, el paciente sufrió una "hidropesía del vientre" y su médico tuvo que practicarle cuatro punciones, para evacuar líquido, que luego cerró aplicando jabón de plomo. En descarga del pobre Wawruch (para que no se convirtiera en un desgraciado antecedente del médico de Michael Jackson), Reiter reconocía que esos eran medicamentos utilizados corrientemente en la época, y que los efectos fatales que causaron en el músico se debieron fundamentalmente a la cirrosis hepática que padecía (y que no fue conocida hasta que se le realizó la autopsia).


Enseguida, los medios de comunicación otorgaron una amplia difusión a la noticia, algunos con titulares tan espectaculares como "Beethoven's Doctor Accidentally Poisoned Him, Patologist Claims" o "Patólogo vienés dice médico inconscientemente mató a Beethoveny otros: "Beethoven murió intoxicado por el exceso de plomo en sus medicamentos" o "Revelan que Beethoven murió intoxicado por exceso de plomo".


El hallazgo de elevado niveles de plomo también fue confirmado por Walsh en fragmentos de hueso. Estos fragmentos eran "...propiedad de Paul Kaufman, un hombre de negocios californiano, que heredó las reliquias a través de otros miembros de su familia, de un tío abuelo suyo, un médico austríaco", según podemos leer en el portal Sólo Ciencia. Y añade: "No estando seguro de que el fragmento realmente fuera del compositor, Kaufman lo envió a la Universidad de Münster en Alemania, para la comparación del ADN mitocondrial con las muestras del cabello de Beethoven, en poder de la Beethoven Society y también analizados por Walsh y sus colegas con la Fuente Avanzada de Fotones."


Pero llegamos al año 2010 y, a finales de mayo, podemos leer en los medios de comunicación la siguiente noticia:


"Beethoven no murió intoxicado por plomo

Nuevas pruebas realizadas en fragmentos del cráneo del compositor alemán Ludwig van Beethoven refutan la teoría de que el genial músico muriera en 1827 por intoxicación de plomo como se creía hasta ahora, según informó el periódico "The New York Times" en su edición del pasado sábado 29 de mayo.
Los estudios realizados en el compositor por un grupo de científicos del Instituto Médico Monte Sinaí de Nueva York dan como resultado que los niveles de plomo en los fragmentos de hueso analizados están dentro de lo normal.
Hasta ahora se creía que Beethoven había estado expuesto a lo largo de su vida a grandes dosis de plomo, lo cual pudo haber causado su muerte.
Incluso algunos investigadores llegaron a pensar que el maestro de la música podría haber sido envenenado debido a su amor al vino, pues en el siglo XIX se solía añadir este mineral al vino barato para quitarle su sabor malo.
Sin embargo, las últimas pruebas realizadas arrojan una cantidad de plomo de 13 microgramos por cada gramo de masa ósea en los huesos grandes, los cuales anteriormente no habían sido estudiados.
Los valores de plomo encontrados en los fragmentos pequeños de hueso, que fueron analizados hace cinco años, cuadruplicaban los valores actuales (48 microgramos por gramo de masa).
Los investigadores, por el contrario, no han podido encontrar hasta el momento ninguna explicación a esta diferencia de datos."


La noticia la he tomado de la Agencia Alemana de Prensa (DPA). Pocos días después, el 3 de junio, la norteamericana HealthDayNews ampliaba su contenido con el título: "Es poco probable que la intoxicación por plomo causara la muerte de Beethoven".


Prudencia y humildad son dos virtudes que nunca deberían faltar a un científico. Si se hicieran extensivas a los medios de comunicación, mejor. Lo primero no es fácil. Lo segundo -salvo honrosas excepciones- me parece casi imposible.


A pesar del tiempo transcurrido desde su fallecimiento y de las múltiples investigaciones realizadas, aún no sabemos con certeza cuál fue la causa de la muerte de Beethoven. En cambio, no cabe duda de su grandeza como compositor. Buena muestra de ello es la sonata para piano nº 23 en fa menor Opus 57, compuesta en 1804 -es decir, cuando ya la sordera llevaba tiempo afectándole- y conocida como Appassionata (el nombre se lo puso, como era habitual, el editor y -por cierto- dicen que Beethoven se indignó porque pensaba que todas sus obras estaban escritas para tocarse apasionadamente y no sólo ésta). A continuación, podemos escuchar (y ver) la interpretación del primer movimiento por la pianista ucraniana, asentada en los Estados Unidos, Valentina Lisitsa.



NOTAS:

(1) LLANOS LÓPEZ, Osvaldo (2007): "Las enfermedades de Ludwig van Beethoven". ARS médica (Santiago); 14,14:49 [Disponible en: http://escuela.med.puc.cl/publ/arsmedica/ArsMedica14/EnfermedadesLudwing.html Consultado el 24-IX-2010).
(2) MORÓN DÍAZ, Darío (2008): "Sordera, tragedia y muerte de Ludwig van Beethoven". MEDICINA Ac. Col.; 30;3:181-182 [Disponible en: http://www.anmdecolombia.com/Revista/Revista82.pdf Consultado el 24-IX-2010].
(3) Ibidem: 182.
(4) Ibidem: 182-183.

18 comentarios:

  1. Muy interesante como siempre tu post. Parece una historia de suspense. Es sorprendente como la ciencia va averiguando cosas que hace un puñado de años eran imposibles. Aunque aún no se sabe la causa exacta de su muerte, ya se sabrá. Aunque, digo yo, que de esto no se "na" como dicen en mi tierra, a lo mejor no se murió de UNA causa concreta sino de la suma de varias. Y la interpretación musical super. Bueno nos tienes en vilo con la entrada relacionada con el amor. Tu público te espera impaciente. Hasta pronto.

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  2. Excelente y completa entrada. Muy interesante.
    Saludos y buen fin de semana.

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  3. Bueno Francisco; no te imaginas lo que acabo de disfrutar leyendote; qué interesante y qué clarificador este artículo que nos traes ¡me ha encantado! ¡Qué oportuno además! (precisamente estos días intento desempolvar algunas de sus sonatas). Vaya un lujo acceder a toda esta información y a esta bibliografía que aportas y que te agradezco infinitamente. No hace falta que te diga lo que pienso y siento con respecto a Beethoven, mi ídolo desde la adolescencia. La Apassionata, maravillosa, claro. Desde luego, Beethoven apasiona.
    Un fuerte abrazo.

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  4. Gracias Ana. Me has hecho sonreír con tu simpático comentario. Además, tienes toda la razón: aunque en los certificados de defunción se escribe una "causa inmediata" y una "causa fundamental" de la muerte, lo lógico en este caso -como en la mayoría- es que existan varias causas que cooperen al desenlace final. Las investigaciones sobre la muerte de Beethoven continúan y, probablemente, dentro de poco sepamos más...
    Respecto a mi próxima entrada, agradezco el interés y espero no defraudar. Aunque, más que "na" (que tu tierra es la mía también) será una expresión de agradecimiento a la persona más importante de mi vida.
    Me alegro que te haya gustado la interpretación de la Lisitsa. Para mi ha sido un agradable descubrimiento.
    Muchas gracias, de nuevo, por este comentario, que me ha encantado. Y un beso.

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  5. Claudia:
    Viniendo de ti, que eres una autoridad en todo lo que se refiere a música y músicos, me siento especialmente honrado por la amabilidad de tu comentario.
    Buen fin de semana para ti también. Aunque habitualmente trabajo de lunes a sábado, ambos inclusive, hoy viernes estoy de fiesta porque se celebra la Virgen de la Merced, que es la patrona de mi pueblo, Jerez. Así que tengo algo más de tiempo para disfrutar -entre otras cosas- de comentarios tan apreciados como el tuyo.
    Un beso.

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  6. Es un orgullo para mí, amiga Lola, que personas que aman y entienden la Música -y más aún- que ejercen profesionalmente su docencia, como antes Claudia y ahora tú, comenten tan favorablemente esta entrada.
    Desde el punto de vista médico, la patobiografía de Beethoven es apasionante. Pero, al margen de ella, como músico -no hace falta decirlo- es excepcional. Creo que si a cualquiera, con una cultura mínima, se le pide que cite a los tres músicos más importantes de la historia, su nombre no faltaría (podríamos hacer la prueba).
    Me alegraría mucho si la información que aquí aparece pudiera ser útil para ti. Yo he procurado contrastar las fuentes de referencia para que sea de calidad.
    Un fuerte abrazo.

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  7. Magistral, amigo mío, -me precio de serlo en este modo virtual- por la información pertinente y la amenidad que infunde en la entrada. Ciertamente Ud. acoge el pedido del mismo Beethoven al reflexionar sobre las causas de su fin terrenal.
    Un cálido y afectuoso saludo, Dr. Doña: como siempre quedamos ávidos de su entrada venidera.

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  8. Internet, Dr. Cruzado, nos permite entablar relaciones, no perfectas -por la falta de presencia física, tan importante en determinadas ocasiones- pero sí lo suficientemente intensas como para intercambiar pensamientos e incluso sentimientos, con la ventaja añadida de la inmediatez, a diferencia de aquellas relaciones epistolares de nuestros antepasados, de las que tantos testimonios han quedado en la historia. Para mí es un honor y un privilegio poder considerarme su amigo.
    Agradezco muy sinceramente las amabilísimas palabras que me dedica en su comentario y el estímulo para las entradas venideras. La próxima será distinta a lo habitual y muy especial para mí. Luego me viene una época de duro trabajo y habrá entradas más elaboradas y otras -por la escasez de tiempo- más "de andar por casa". Pero, haré todo lo posible por agradarles y mantener el interés.
    Muchas gracias, de nuevo, y un muy afectuoso saludo, amigo mío.

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  9. Hace tiempo, leí una breve biografía de B. Lo que saqué en claro y me quedó al cabo del tiempo es lo mucho que sufrió el genial músico. Su padre era un borrachín sin sentimientos. Luego, su carácter (natural o adquirido) le impedían gozar de relaciones, etc., etc. Al final vinieron las enfermedades. Esa sordera debió ser una tortura. En la película "Copiando a B." se le ve dirigiendo una orquesta, ya sordo, la cual en realidad era dirigida por otra persona medio oculta. Me ha interesado mucho tu artículo. Siempre he compadecido a este músico, uno de los más grandes, porque no ha tenido la "suerte" de caer simpático ni a sus contemporáneos ni a la posteridad, como por ejemplo W.A. Mozart. Saludos.

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  10. Completamente de acuerdo contigo, jaramos.g. Expones perfectamente algunos de los aspectos esenciales en la vida de Beethoven, y uno de ellos fue, sin duda, el "sufrimiento". En cuanto a la poca simpatía que podía causar, posiblemente él mismo era consciente de ello, porque en el "testamento de Heiligenstadt" pedía que se publicara la historia de su enfermedad para que "al menos -decía- el mundo se reconcilie conmigo después de mi muerte."

    Muy agradecido por tu interesante comentario y por tu visita a este blog.
    Un cordial saludo.

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  11. de nuevo, una magnífica y educativa entrada Paco, me ha gustado. Sobre el Dr. Morón, sin comentarios (sigo sin encontrar en la red al Dr. Alfredo Che Guevara)

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  12. Gracias, enfermero9. Es posible que lo de "Che" sea un error. Difícilmente un urólogo y melómano norteamericano podría usar el apodo "Che" antepuesto a su apellido, Guevara. Sobre el Dr. Guevara puedes encontrar algo más de información en el enlace al Centro de Estudios Beethovianos de la Universidad de San José. En el apartado "Collection".

    Un abrazo.

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  13. A Beethoven se le achacaron múltiples padecimientos mal documentados (tuberculosis, fiebre tifoidea, sífilis, enfermedad de Crohn, cirrosis, neumonía, etc.), siendo el compositor que más bibliografía médica ha generado. La hipótesis de fallecimiento por saturnismo pasaría a formar parte de la leyenda del genio, cuya grandeza musical es lo único indudable, como bien concluyes amigo Francisco. Un músico apasionado y apasionante.
    Te envío un afectuoso saludo, tras unos días desconectado de la adictiva Red.

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  14. Se te echaba de menos, amigo José Manuel. Confío en que tu "desconexión" de esta "adictiva Red" haya sido por motivos agradables. Pero eres muy bienvenido y agradezco muchísimo tu inteligente y documentado comentario.
    Un fuerte abrazo.

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  15. Excelente y esclarecedor análisis de un tema que sigue estando abierto, aunque algunos de sus flecos se hayan cerrado. Lo importante es su legado, que le sobrevivirá siempre. Con independencia de la causa de muerte, Beethoven rezuma vida y nos mantiene despiertos y lúcidos cuando su música nos llega, por más que la misma sinfonía que nos aportas distrajera a Lenin de tal modo que le convertía en otra persona. Un saludo

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  16. Muchas gracias, Fernando, por tus amables palabras y por esa magnífica apostilla sobre Lenin, que reafirma el inmenso poder de la Música.

    Un cordial saludo.

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  17. Últimamente estoy muy ocupado y entro poco en la red pero, cada vez que lo hago, visito tu blog que no deja de sorprenderme por lo ameno y documentado.
    Me imagino que la teoría de que Beethoven padeciera saturnismo está basada en su mal carácter, pero después de leerte queda claro que la cosa no es así.
    Aprovecho este mismo comentario para felicitarte por tus "Bodas de Plata" y os deseo salud para llegar a las de Oro y cuantas vengan después.

    Saludos.

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  18. Sobre la patobiografía de Beethoven se ha escrito mucho, amigo Antonio, pero estoy seguro de que aún se dirán muchas cosas más. Seguiremos al tanto, mientras disfrutamos del placer de su música.

    Me alegra mucho que puedas disponer de algún tiempo para entrar en este "Tiempo para la memoria", y recibo encantado tu felicitación que agradezco en nombre de Marisa y en el mío propio. ¡Haremos lo posible por seguir acumulando metales (pero plomo no, claro)!

    Un abrazo.

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