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| Joseph Lister (1827-1912) |
Hoy, 10 de enero de 2012, se cumple el primer centenario de la muerte de Sir Joseph Lister, el descubridor de la antisepsia, el método para evitar las infecciones quirúrgicas. Con ella, la anestesia y el control de la hemorragia, en la segunda mitad del siglo XIX se inicia el desarrollo de la cirugía actual.
El mejor texto que podemos encontrar en Internet, en español, sobre la vida y la obra de Lister se lo debemos al Profesor José Luis Fresquet. De él copio los siguientes párrafos (aunque recomiendo la lectura del artículo completo):
"Cuando se hizo cargo de la clínica quirúrgica de Glasgow, Lister debía enfrentarse a lo que era uno de los principales problemas: de un 30 a un 50% de los enfermos ingresados sucumbían víctimas de la gangrena hospitalaria, la erisipela, la piemia o el edema purulento. Como otros cirujanos en el pasado, quiso rebelarse contra la doctrina del pus loable, pero lo hizo de manera distinta. Pensó que la infección de las heridas y la formación de pus eran equiparables a la putrefacción.
Lister estaba al corriente de las ideas de Pasteur. Por una parte, sabía que éste había demostrado que las putrefacciones se debían a la llegada de gérmenes vivos hasta la materia putrefascible, y por otra, que ésta se conservaba inalterable si se mantenía fuera del contacto del aire o si éste llegaba filtrado. Trasladó estas nociones al terreno de la cirugía, especialmente a los casos de fracturas abiertas. Había observado que las fracturas simples curaban sin demasiados problemas mientras que las que eran abiertas o con heridas acababan normalmente con una supuración o infección. Pensó que el aire atmosférico era el responsable porque aportaba los gérmenes. Por tanto, había que 'filtrarlo' de alguna manera. Probó el cloruro de cinc y los sulfitos, pero pensó que podía emplear ácido fénico, sustancia que se obtenía facilmente del alquitrán de hulla y que, desde 1859, se venía empleando para evitar putrefacciones. Un farmacéutico parisino apellidado Lemaire, que estudió detenidamente esta sustancia entre 1860 y 1863, demostró también que los microorganismos no se desarrollaban en su presencia.
Aunque Lister no estaba al tanto de esto último, sí sabía que en su país esta sustancia se usaba para evitar la fetidez de los albañales y que en los campos por donde discurrían aguas fenicadas desaparecían los entozoos que parasitaban el ganado.
En 1857 publicó el trabajo titulado Nuevo tratamiento de las fracturas abiertas y de los abcesos; observaciones sobre las causas de la supuración, que apenas tuvo resonancia entre los científicos. En 1867 presentó los resultados de un nuevo estudio sobre el tema ante la Asociación médica británica. Un año más tarde lo hacía en la Sociedad Médico-Quirúrgica de Glasgow, y en 1869, lo utilizó para la lección de apertura de curso de su Universidad. Este material lo publicó en forma de libro en 1867 con el título On the Antiseptic Principle in the Practice of Surgery.
Entre la primera publicación y la segunda depuró la técnica. Primero aplicaba compresas de agua fenicada y después pulverizaba el ambiente y los objetos que podían entrar en contacto con la herida completándolo con el uso de pomadas fenicadas. Poco a poco fue acumulando una serie de casos fruto de una experiencia continuada. En 1867, por ejemplo, decidió operar a un enfermo con una fractura de tibia que había consolidado defectuosamente, usando su método antiséptico. Normalmente en estas situaciones el desenlace era funesto. Sin embargo, el paciente curó sin ningún problema."(1)
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Una intervención quirúrgica siguiendo el método de Lister (1858)
(C) Wellcome Library. Londres |
¡Cuántas vidas se han salvado, se salvan y se salvarán gracias a Lister!
Como homenaje a esta gran figura de la Historia de la Medicina, y próximo ya el día de los enamorados, con mi felicitación para todos los que gozamos de ese dichoso estado, acabamos en esta ocasión con el preciso regalo que el gran compositor inglés Edward Elgar, contemporáneo de Lister, realizó a su esposa...
BIBLIOGRAFÍA
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